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económicos, de cuidado, de tiempo, de hacer las dos cosas, maternar y trabajar al mismo tiempo".
Además, a las mujeres se les produce algo denominado "doble presencia", es decir, "que están con una pata en el trabajo, pero con la cabeza también en comprar la cartulina para el niño, en qué vamos a cocinar", ejemplifica. Es así como la cuarta razón por no tener bebés dice relación con "criar niños conlleva muchas preocupaciones y problemas" con un 55% de las preferencias en la "Encuesta Nacional Bicentenario UC 2024".
"La percepción que tienen las mujeres es que en Chile no están las condiciones para tener hijos e hijas. Las condiciones estructurales del sistema social chileno no favorecen las condiciones de las mujeres para tener hijos - existe una importante penalización en el mercado laboral, alta exigencia en la crianza, poca o nula coparentalidad-. En resumen que es muy costoso en términos de oportunidades pero también costo económico la maternidad. Esto es alarmante y es motivo para que la política pública incorpore y se haga cargo de esto", apunta la investigadora del Núcleo Milenio MIGRA.
La fertilidad
En cuanto al tema del aplazamiento de la maternidad Heidy Kaune, académica del Programa de Ética y Políticas Públicas en Reproducción Humana y del Centro de Investigación Biomédica de la Facultad de Medicina UDP, apunta a que esto "puede tener consecuencias, ya que la fertilidad femenina disminuye progresivamente con la edad, lo que puede implicar mayores dificultades para lograr un embarazo en etapas más tardías de la vida". "Como consecuencia, muchas mujeres deben recurrir a técnicas de reproducción asistida, cuyos costos suelen ser elevados y sus resultados no siempre son exitosos", acota.
Sin embargo, admite que "el impacto de las personas nacidas por reproducción medicamente asistida en términos demográficos es marginal: en 40 años transcurridos desde la introducción de esta tecnología en 1978, han nacido entre 10 y 13 millones de personas en todo el mundo. En Chile, los nacimientos por técnicas de reproducción asistida representan aproximadamente el 1% del total anual".
Por otra parte, hace poco se incorporó el examen de la hormona antimulleriana (AMH) a las prestaciones cubiertas por Fonasa. Éste es un examen de sangre que, dice Kaune, "permite evaluar la reserva ovárica, es decir, estima cuantos ovocitos hay en los ovarios de una mujer. De este modo se utiliza para evaluar la función reproductiva y proyectar la fertilidad futura".
"La reciente codificación de este examen por Fonasa permitirá aumentar considerablemente el acceso", explica y lo considera "importante, ya que entrega a las mujeres información clave para tomar decisiones informadas sobre su futuro reproductivo: por ejemplo, estimar hasta qué edad podrían tener hijos de forma natural o, en caso de contar con una baja reserva ovárica, optar por preservar ovocitos".
Aumento de vasectomía
A pesar que la natalidad se asocia principalmente a la mujer, lo cierto es que en la planificación familiar los hombres también tienen algo que decir y en este aspecto no deja de ser interesante el tema de la vasectomía. Según datos del 2024 del Departamento de Estadísticas e Información en Salud (DEIS), durante la última década este tipo de procedimiento ha experimentado un crecimiento de un 500%.
Al respecto, Kaune indica que "el aumento sostenido de las vasectomías en Chile debe entenderse en relación con la muy baja cantidad de procedimientos que se realizaban años atrás; por ello, aunque el crecimiento en términos porcentuales es significativo, su volumen absoluto sigue siendo bajo".
"Si comparamos el total de esterilizaciones quirúrgicas realizadas -incluyendo ligaduras o secciones de trompas en mujeres y vasectomías en hombres-, la vasectomía representa apenas entre el 4 y el 6 por ciento del total, lo que la ubica aún en un lugar marginal. De ese pequeño porcentaje, menos del 0,5% corresponde a hombres que no tienen hijos y que, por tanto, han decidido excluir la paternidad de sus proyectos de vida", detalla.
"En este grupo -sigue- la motivación principal suele ser el deseo de disfrutar plenamente de su sexualidad sin la preocupación de un embarazo no deseado. El 99,5% restante de los hombres que optan por la vasectomía lo hacen por dos razones principales: ya han tenido hijos y consideran que su proyecto familiar está completo, o bien presentan enfermedades genéticas que no desean transmitir a una posible descendencia".
Para la socióloga de la UPLA, Valentina Álvarez, este procedimiento se está adoptando, porque "los hombres también han transitado probablemente". "O sea, a los hombres se les ha exigido siempre menos, pero, de alguna manera, la paternidad ha estado asociada al tema del ser proveedor y yo creo que ahora también están tomando la responsabilidad respecto a su propia reproducción".
"El aumento de las vasectomías puede interpretarse como una expresión de mayor autonomía y responsabilidad en la planificación familiar, especialmente si va acompañado de asesoría y orientación de calidad", expresó Mauro Basaure, sociólogo de la UNAB.
Políticas públicas
Con todo esto sobre la mesa, ¿cómo se revierten los índices? Alejandra Abufhele, académica Escuela de Gobierno Universidad Adolfo Ibáñez e Investigadora del Núcleo Milenio MIGRA, comenta que "es importante ajustar las expectativas en relación a esto, la tendencia a la baja de la Tasa Global de Fecundidad es muy difícil de revertir. Lo que muestra la experiencia internacional es que aun implementando políticas públicas agresivas para incentivar natalidad a lo que se puede aspirar es a enlentecer el proceso más que a una reversión en la tendencia".
"Lo primero es poder hacer un buen diagnóstico con datos representativos a nivel nacional, de por qué las mujeres no están teniendo hijos/as en Chile. Y, con eso generar, políticas públicas orientadas a proveer las condiciones que las mujeres y hombres hoy necesitan para decidir tener hijos e hijas, considerando aspectos del mercado laboral, en términos de cuidados y el sistema educacional", agrega.
Para Mauro Basaure, académico de Sociología de la Universidad Andrés Bello, "el aumento de la natalidad debe ser una decisión consciente y responsable. Es fundamental fortalecer la educación sexual y reproductiva, de modo que tanto mujeres como hombres cuenten con la información y las herramientas necesarias para decidir conscientemente cuántos hijos tener y cuándo tenerlos".
"Se requiere profundizar las políticas de conciliación trabajo-familia, ampliando licencias de maternidad y paternidad, generando incentivos económicos y flexibilizando horarios para quienes desean criar hijos sin ver afectada su carrera laboral", asegura.
"Además, es crucial que los programas de salud pública incluyan a la población masculina en la promoción de métodos anticonceptivos y en el cuidado infantil, lo que refuerza la corresponsabilidad y la equidad de género. En este contexto, los servicios de atención primaria y los centros de salud familiar pueden desempeñar un rol clave, ofreciendo consejería integral que abarque no sólo la prevención de embarazos no deseados, sino también el acompañamiento en la decisión de formar familia y la preparación para la paternidad responsable", dice.
En este sentido, "las políticas públicas podrían orientarse, en primer lugar, a brindar mayor protección social a las familias, fomentando condiciones que faciliten la conciliación entre la vida laboral y familiar. Medidas como extender y flexibilizar los posnatal y la licencia de paternidad, promover jornadas de trabajo reducidas o adaptables, y ampliar la cobertura y calidad de los sistemas de cuidado infantil serían especialmente relevantes", apunta el especialista.
"Asimismo -continúa- pueden considerarse incentivos económicos, como subsidios directos a las familias con hijos, rebajas tributarias o ayudas a la vivienda. Todo ello contribuiría a reducir la inseguridad económica asociada a la maternidad y la crianza, generando un entorno más favorable para quienes deseen formar familia o aumentar su número de hijos".
"Diversas naciones han implementado políticas que incentivan la natalidad de manera exitosa, entre éstas destacan los beneficios tributarios para familias con hijos, mayor acceso a guarderías y reformas que faciliten la conciliación entre la vida laboral y familiar. En Chile, es urgente promover un consenso amplio que permita diseñar estrategias de largo plazo, integrando tanto el sector público como el privado", expresa, en tanto, Heidy Kaune.
"Además, se requiere fortalecer la educación en fertilidad dentro de los programas de salud y educación sexual, de modo que las personas puedan tomar decisiones reproductivas informadas. Sin embargo, considero que el rol del Estado no debería limitarse a diseñar políticas que promuevan o incentiven la natalidad, también debería garantizar las condiciones sociales, económicas y culturales necesarias para que cada persona pueda decidir, de manera libre y consciente, si desea o no tener hijos", manifiesta.
"La verdadera libertad reproductiva no se alcanza promoviendo una opción sobre la otra, sino asegurando que todas las decisiones sean posibles y respetadas", finaliza. 2
Un porcentaje significativo de mujeres jóvenes está optando por no tener hijos, y entre las razones más mencionadas se encuentran las dificultades económicas asociadas a la crianza, la falta de redes de apoyo, e incluso la creciente incertidumbre frente a problemáticas globales como el cambio climático".
Con el avance de la educación y del feminismo, las mujeres hemos podido definir ciertos proyectos de vida, y entre esos también está, generalmente, dilatar la maternidad en pos de otros proyectos del estudio, del trabajo. Lo que no quiere decir que las mujeres decidan necesariamente no tener hijos".
El aumento de la natalidad debe ser una decisión consciente y responsable. Es fundamental fortalecer la educación sexual y reproductiva, de modo que tanto mujeres como hombres cuenten con la información y las herramientas necesarias para decidir conscientemente cuántos hijos tener y cuándo tenerlos".
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Es importante ajustar las expectativas en relación a esto, la tendencia a la baja de la Tasa Global de Fecundidad es muy difícil de revertir. (...) Aun implementando políticas públicas agresivas para incentivar natalidad a lo que se puede aspirar es a enlentecer el proceso más que a una reversión en la tendencia".
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